Skip to main content

Entrega 08 | ¿Está la persona correcta en el puesto correcto?

Cuando promueves a tu mejor contribuidor individual sin que esté listo para ser gerente, pierdes a tu mejor contribuidor individual y ganas a tu peor gerente.

Hace unas semanas tuve una llamada con el director general de una empresa de servicios profesionales en Sudamérica. Son de esas empresas que admiro: estables, con un equipo que lleva más de una década trabajando junto, facturación sólida, clientes de largo plazo. No son una startup. Son una empresa adulta que funciona.

Me buscaron porque quieren dar un paso que llevan posponiendo demasiado tiempo: definir planes de carrera, mapear a su talento interno, entender quién puede crecer hacia dónde. Normal, ¿no? Lo que no era normal fue lo que salió en la conversación.

Tienen dos personas liderando al mismo equipo. Dos. No por diseño, sino por accidente organizacional.

De un lado está quien voy a llamar Marcos. Marcos es el que más sabe del producto, del negocio, de la industria en la que opera la empresa. Es el experto técnico. El Subject Matter Expert. El que lleva años resolviendo problemas complejos y que, cuando se sienta a explicarte algo, te das cuenta de que está en otro nivel de conocimiento. Lo admiran por eso.

Del otro lado está Valentina. Valentina es la que gestiona los proyectos: las fases, los deadlines, la relación con los clientes, la coordinación entre consultores. Es la que se asegura de que las cosas sucedan en tiempo y forma. Buena con la gente. Buena con los clientes. Organizada.

El problema: no trabajan juntos. No logran hacer equipo.

Marcos tiene opiniones fuertes sobre cómo deberían desarrollarse los consultores. Quiere que sepan historia del arte de la industria, que dominen temas que a él le apasionan, que tengan una formación casi académica. Cuando le presentas los resultados de una evaluación o de un proceso nuevo, cuestiona. Desafía. No necesariamente de mala fe, es genuinamente brillante y tiene criterio técnico sólido. Pero su manera de plantearlo genera fricción constante.

Valentina, por su lado, tiene la visión práctica: deadlines, entregas, satisfacción del cliente. Pero no domina el conocimiento profundo del negocio. Y cuando Marcos desafía algo que ella propone, la dinámica se tensa.

El director general, que por cierto es una persona extraordinariamente consciente del problema, me lo resumió con una honestidad que se agradece:
"No sé a quién promover. Los necesito a los dos. Pero así como están, no funcionan."

Y luego hizo la pregunta que resume el dolor de esta entrega:
"¿Cómo sé si tengo a la persona correcta en el puesto correcto?"

Por qué esta pregunta es más difícil de lo que parece

La respuesta intuitiva es obvia: promueve al que más sabe. Al que domina el tema. Al experto. Ponlo a liderar y deja que su conocimiento permee al equipo.

Suena lógico. Y es exactamente el error que cometen la mayoría de las empresas.

Laurence J. Peter lo documentó en 1969 con un concepto que se volvió tan famoso que lleva su nombre: el Principio de Peter. La idea es simple y brutal: en una jerarquía, las personas tienden a ser promovidas hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Eres bueno como vendedor, te promueven a gerente de ventas. Eres bueno como gerente, te promueven a director. Y en algún punto llegas a un puesto donde ya no eres bueno, pero ahí te quedas. Porque las promociones se basan en desempeño pasado, no en potencial futuro.

Lo que durante décadas se consideró una observación ingeniosa pero anecdótica, en 2019 fue validado empíricamente por investigadores del MIT, Yale y la Universidad de Minnesota. Alan Benson, Danielle Li y Kelly Shue analizaron datos de 131 empresas y más de 53,000 vendedores entre 2005 y 2011. Su hallazgo, publicado en The Quarterly Journal of Economics, fue contundente: duplicar el rendimiento de ventas de un empleado antes de promoverlo se correlaciona con una caída del 7.5% en su valor agregado como gerente.

Leíste bien. Los mejores vendedores se convierten en los peores gerentes. No a veces. Sistemáticamente.

¿Por qué? Porque las habilidades que te hacen exitoso como contribuidor individual, dominio técnico, ejecución autónoma, velocidad de resolución, son radicalmente distintas de las que necesitas para liderar: comunicación, delegación, influencia, gestión de conflictos, desarrollo de otros.

Jack Zenger y Joseph Folkman, fundadores de Zenger/Folkman Leadership Development, lo midieron con datos de 7,000 trabajadores para Harvard Business Review en 2018. Encontraron que el 23% de los top performers en productividad individual están por debajo del promedio en habilidades de liderazgo. Casi uno de cada cuatro.

Y aquí está la parte que me parece más reveladora de su investigación: los comportamientos que hacen a alguien productivo individualmente ( fijar metas ambiciosas para sí mismo, mantener consistencia, dominio técnico y orientación a resultados), son comportamientos centrados en el individuo. Los comportamientos que hacen a alguien un buen gerente (apertura al feedback, desarrollo de otros, habilidades interpersonales, comunicación efectiva), son comportamientos centrados en el equipo.

Son conjuntos de habilidades diferentes. No opuestos necesariamente, pero diferentes. Y asumir que uno viene con el otro es la receta perfecta para el desastre.

Dolores invisibles

Promueves por antigüedad, no por capacidad

Alguien lleva 12 años en la empresa. Es "leal." Conoce todo. Parece el candidato natural para liderar. Pero conocer el negocio no significa saber liderar personas. Son dos cosas completamente distintas. Y en empresas con equipos estables y largo plazo, este sesgo es todavía más fuerte porque el que lleva más tiempo se siente con derecho a ascender, y el equipo espera que así sea.

Confundes expertise técnico con capacidad de liderazgo

Tu mejor ingeniero, tu mejor consultor, tu mejor analista. Son brillantes en lo que hacen. Los promueves a gerente porque "se lo merecen." Y de pronto esa persona que resolvía todo por su cuenta tiene que coordinar, delegar, dar feedback, manejar conflictos, desarrollar a otros. No sabe hacerlo. No le enseñaste. Y ahora tienes un gerente mediocre donde antes tenías un técnico excepcional.

Tienes dos personas valiosas que no logran trabajar juntas

Como Marcos y Valentina. Ambos aportan cosas distintas. Ambos son necesarios. Pero nadie definió con claridad los límites de cada rol, las reglas de interacción, quién decide qué. Y la fricción se acumula hasta que uno de los dos se va—o peor, se quedan ambos en una guerra fría que contamina al equipo entero.

No tienes datos para tomar la decisión

Cuando llega el momento de decidir quién asume una nueva responsabilidad, ¿qué información tienes? Una impresión. Un feeling. "Yo creo que fulano está listo." ¿Basado en qué? ¿En que habla mucho en las juntas? ¿En que nunca se queja? ¿En que llega temprano? Nada de eso predice si alguien va a funcionar en un rol diferente al que tiene.

Las evaluaciones de desempeño que tienes miden el puesto actual, no el potencial para el siguiente

Puedes tener un 9 box perfecto y aun así no saber si alguien tiene las habilidades blandas para dar el salto. Desempeño pasado no es igual a potencial futuro. Son dimensiones distintas que requieren instrumentos distintos.

La susceptibilidad del equipo frena todo 

En equipos estables donde la gente lleva 10, 15 años, cualquier proceso de evaluación se percibe como amenaza. "¿Me van a correr?" "¿Esto es para justificar un despido?" "¿Por qué me evalúan si llevo toda la vida aquí?" Y esa resistencia (comprensible, humana, legítima) paraliza al liderazgo. Prefieren no hacer nada antes que incomodar. Y así pasan años sin mover a nadie.

Lo que pasa si no haces nada

Operativo

La inercia se come al talento. Las personas que podrían crecer se estancan porque nadie les traza un camino. Las que están en el puesto equivocado se frustran pero no dicen nada porque "así han sido las cosas siempre." La fricción entre roles mal definidos (como la de Marcos y Valentina) se normaliza. El equipo se acostumbra a trabajar alrededor del conflicto en lugar de resolverlo. La productividad no se desploma de golpe, se erosiona. Lentamente. Silenciosamente.

Financiero

Cornell University analizó más de 109,000 empleados y encontró que las contrataciones internas bien hechas superan consistentemente a las externas en desempeño. Pero el dato que debería preocuparte es el otro lado de la moneda: cuando la promoción interna se hace mal (sin datos, sin diagnóstico) el costo no es solo la persona que falla. Es el equipo que deja de funcionar alrededor de ella. Gallup estima que perder a un líder cuesta hasta el 200% de su salario anual. Y aquí no solo lo perdiste, lo pusiste donde no debía estar y rompiste lo que sí funcionaba.

Cultural

Cuando las promociones se basan en antigüedad o en quién "se lleva mejor" con el director, creas un sistema de incentivos perverso. El mensaje implícito es: no importa qué tan bueno seas, importa cuánto tiempo llevas aquí o qué tan visible eres. Los buenos se van, no porque no los valores, sino porque no ven un camino claro basado en mérito y desarrollo real. CIPD (Chartered Institute of Personnel and Development) reporta que las organizaciones con prácticas robustas de gestión de talento son 6 veces más propensas a reportar mejores resultados de negocio. Seis veces.

Lo que puedes hacer hoy

Paso 1:

Separa las dos preguntas que siempre se mezclan
Cuando alguien dice "¿está la persona correcta en el puesto correcto?", en realidad está haciendo dos preguntas completamente diferentes:

Pregunta 1: ¿Esta persona puede hacer lo que su puesto actual requiere?

Eso es adecuación puesto-persona. Es un diagnóstico del presente. Cruzas el perfil real del colaborador (sus competencias conductuales, cognitivas, de liderazgo) con el perfil ideal del puesto. Si hay match, la persona está donde debe estar. Si hay brechas, tienes dos opciones: desarrollar las competencias faltantes o reasignar.

Pregunta 2: ¿Esta persona tiene potencial para un puesto diferente o superior?

Eso es readiness. Es un diagnóstico del futuro. Y es radicalmente distinto de medir desempeño actual. Alguien puede ser excelente en su rol actual y no tener las habilidades, todavía, para el siguiente nivel.

El error que cometen casi todas las empresas es usar la respuesta de la pregunta 1 para decidir la pregunta 2. "Es excelente consultor, entonces será excelente gerente." No. No funciona así. Benson, Li y Shue lo demostraron con 53,000 empleados. Zenger y Folkman con 7,000. No funciona así.

En Fleet, estas dos preguntas tienen productos distintos porque requieren datos distintos: La adecuación puesto-persona cruza lo que la persona es hoy con lo que el puesto necesita hoy. El mapeo de talento con readiness cruza lo que la persona es hoy con lo que un puesto futuro necesitaría. Son análisis diferentes, con instrumentos diferentes, y con conclusiones diferentes.

Paso 2: Evalúa habilidades blandas con la misma seriedad que las duras

Aquí está el sesgo más peligroso en empresas de servicios profesionales, de consultoría, de tecnología: sobrevalorar el conocimiento técnico y subvalorar las habilidades blandas.

Harvard Business Review publicó en 2025 un estudio basado en datos de Nature Human Behaviour que analizó 70 millones de transiciones laborales en más de 1,000 ocupaciones. La conclusión: las habilidades humanas fundamentales (comunicación, adaptabilidad, trabajo en equipo, pensamiento matemático) son predictores más fuertes de resiliencia laboral a largo plazo que la especialización técnica.

El dato que cierra el argumento: el 92% de los hiring managers considera las soft skills igual o más importantes que las habilidades técnicas para decidir promociones.

Regresemos a Marcos y Valentina. Si solo mides habilidades técnicas, Marcos gana de calle. Es el que más sabe. El subject matter expert. El que domina la industria y el producto como nadie. La decisión "obvia" es promoverlo a liderar al equipo completo.

Pero cuando evalúas las soft skills (comunicación, orientación al equipo, manejo de conflictos, flexibilidad, consistencia directiva) la foto cambia completamente. Marcos es una potencia técnica con áreas de oportunidad significativas en las competencias que predicen éxito gerencial. Valentina tiene un perfil conductual mucho más alineado a gestión y liderazgo, pero le falta profundidad técnica.

La respuesta correcta no es promover a uno sobre el otro. La respuesta correcta es entender qué necesita cada puesto y quién tiene el perfil para qué.

Paso 3: Define qué pesa más en cada nivel organizacional

El director general lo articuló perfectamente en esa llamada sin darse cuenta de que estaba describiendo un framework que la investigación valida hace décadas:

"A nivel consultor, es mucho más importante la parte técnica funcional. Pero a nivel directivo, las habilidades blandas pesan tanto o más. Comunicación, influencia, relaciones con clientes, con superiores, con empleados. Tiene mucho más peso."

Exactamente.

La investigación de Korn Ferry (una de las firmas de gestión de talento más grandes del mundo) demuestra que conforme subes en la jerarquía, las habilidades blandas se vuelven exponencialmente más importantes. A nivel operativo, el balance puede ser 70/30 a favor de las habilidades técnicas. A nivel gerencial, se equilibra a 50/50. A nivel directivo, se invierte: 30/70 a favor de las blandas.

¿Qué significa esto para tu empresa? Que necesitas un mapa diferenciado. No puedes evaluar con los mismos criterios a un consultor junior que a un gerente de área. Las competencias que pesan más cambian conforme sube el nivel de responsabilidad.

En Fleet hacemos esto a través de la calibración del Job Fit por nivel. Para un puesto operativo, el perfil ideal puede ponderar alto en progresión numérica, seguimiento de instrucciones y enfoque en la tarea. Para un puesto gerencial del mismo equipo, el perfil ideal pondera alto en influencia interpersonal, gestión de conflictos y consistencia directiva. Mismo equipo. Perfiles completamente distintos.

Paso 4: Usa la evaluación como base para la conversación, no como sentencia

Aquí hay un miedo legítimo que escuché en esa llamada y que escucho en casi todas las empresas con equipos estables: "¿Cómo evaluamos sin que la gente se sienta amenazada?"

Es una preocupación real. Si tienes personas que llevan 10 o 15 años, que son estables, que están comprometidas, que nunca han pasado por un proceso de evaluación formal, el riesgo de que lo tomen como "me van a despedir" es alto.

Aquí va lo que hemos aprendido en Fleet después de trabajar con muchas empresas en situaciones similares:

El reporte de la empresa y el reporte del colaborador se hacen en dos momentos distintos.

Primero se entrega el informe a la dirección. Sin filtros. Con todos los datos. Eso permite que el liderazgo lo digiera, lo entienda, lo calibre. "¿Estos resultados hacen sentido con lo que vemos día a día?" Casi siempre sí, pero a veces hay sorpresas. Y esas sorpresas se trabajan antes de sentarse con el colaborador.

Después, y solo después de esa calibración, se diseña el reporte de retroalimentación para el colaborador. Ese reporte no es un resumen del informe completo. Es una conversación constructiva, orientada a desarrollo, que dice: "Esto es lo que haces bien. Esto es lo que puedes desarrollar. Y esto es lo que la empresa te puede ofrecer para crecer."

La diferencia entre una evaluación que motiva y una que destruye está en cómo se comunica. No en los datos.

Andrea Vargas, mi socia en Fleet, es psicóloga organizacional y se dedica exactamente a esto: validar con entrevistas estructuradas lo que los datos de las pruebas psicométricas revelan, y después diseñar la conversación de retroalimentación con el colaborador para que sea constructiva, no amenazante.

Paso 5: Decide con datos, no con jerarquías emocionales

Regresemos a la pregunta del director general: "¿A quién promuevo?"

Con los datos del mapeo de talento, la conversación cambia completamente. Ya no es "Marcos sabe más, entonces Marcos lidera." Es:

"Marcos tiene percentil excepcional en conocimiento técnico y análisis. Pero su perfil conductual muestra áreas de oportunidad en comunicación de equipo y gestión de conflictos. Si lo promovemos a un rol de liderazgo de equipos amplios sin desarrollar esas competencias, el riesgo es alto de que genere más fricción de la que ya existe."

"Valentina tiene un perfil conductual naturalmente alineado a gestión: alta orientación al equipo, buena comunicación con clientes, capacidad organizativa sólida. Pero le falta profundidad en el conocimiento técnico del negocio. Si la ponemos a liderar sin cerrar esa brecha, el equipo técnico no la va a respetar."

¿La solución? Ninguno de los dos "como está" hoy es la respuesta completa. Pero ambos pueden serlo con un plan de desarrollo diferenciado.

Para Marcos: mantener su rol como autoridad técnica (el go-to person para knowledge, el que forma a los consultores en el dominio del producto y la industria) pero con un plan de desarrollo específico en habilidades blandas: comunicación no confrontativa, escucha activa, trabajo en equipo. No para convertirlo en alguien que no es, sino para que su expertise técnico no se desperdicie por la forma en que lo comunica.

Para Valentina: fortalecer su conocimiento del negocio a través de mentoring con los expertos técnicos (incluyendo a Marcos), y desarrollar la asertividad necesaria para que su gestión de proyectos no se perciba como "solo administrativa" sino como liderazgo operativo con fundamento.

Y para la empresa: definir con claridad quirúrgica dónde termina el rol de uno y empieza el del otro. No dos líderes compitiendo por el mismo equipo. Dos líderes complementarios, cada uno en su zona de fortaleza, con reglas claras de interacción.

Eso es lo que los datos te permiten hacer. Sin datos, la decisión es política. Con datos, la decisión es estratégica.

Paso 6: No busques afuera lo que puedes desarrollar adentro

Este es el punto que más me apasiona y donde la investigación es más clara.

Investigadores de Cornell University analizaron más de 109,000 empleados del sector retail entre 2009 y 2016. Lo que encontraron debería ser lectura obligatoria para cualquier director general:

Las contrataciones internas superan a las externas en ventas y utilidades mensuales. Las contrataciones externas reciben entre 10% y 20% más de salario a pesar de rendir menos. Las contrataciones externas tienen evaluaciones de desempeño significativamente más bajas en sus primeros dos años. Y el dato que más duele: las contrataciones externas tienen un 61% más de riesgo de ser despedidas.

McKinsey, en su investigación sobre empresas de hipercrecimiento, encontró que el 70% de los CEOs fundadores citan el desarrollo de talento interno y la cultura como su ventaja competitiva principal. No la tecnología. No el producto. El talento.

¿Qué significa esto para la pregunta de Marcos y Valentina? Que la tentación de "buscar afuera a alguien que tenga las dos cosas" es comprensible pero probablemente más cara y más riesgosa que desarrollar a quien ya tienes.

Un externo no conoce tus procesos. No conoce a tus clientes. No tiene 10 años de contexto institucional. No tiene las relaciones internas que se construyen con tiempo. Y tiene un 61% más de probabilidad de que no funcione.

La inversión inteligente es mapear lo que tienes, identificar las brechas, y diseñar un plan de desarrollo específico para cerrarlas. No genérico. Específico. Como vimos en la entrega anterior, capacitación sin diagnóstico es tirar dinero a la basura.

El balance que nadie te enseña

Gallup lleva años insistiendo en un dato que debería cambiar cómo pensamos sobre la gestión de personas: el 70% de la varianza en el engagement de un equipo es atribuible al manager.

Setenta por ciento.

No es el salario. No es la oficina bonita. No es la mesa de ping pong ni los viernes casuales. Es el manager. La persona que lidera al equipo. Cómo da feedback. Cómo comunica expectativas. Cómo maneja conflictos. Cómo delega. Cómo desarrolla.

Y cuando esa persona está en el puesto equivocado, cuando es un Marcos brillante pero sin habilidades de gestión, o una Valentina capaz pero sin profundidad técnica, todo el equipo lo paga.

Los equipos con bajo engagement tienen entre 18% y 43% más de rotación que los equipos altamente comprometidos. Cuando el engagement es alto, la rotación se reduce en 51%.

Piénsalo así: si pones a la persona equivocada a liderar un equipo de 10 personas que llevan 12 años en tu empresa, no solo arriesgas la productividad de una persona. Arriesgas la estabilidad de las 10. Y en una empresa donde la gente lleva una década, perder a alguien no es reemplazar un headcount, es perder conocimiento institucional que no se documenta, relaciones con clientes que no se transfieren, y una cultura de equipo que tardó años en construirse.

Korn Ferry, una de las firmas de gestión de talento más reconocidas a nivel global, identificó que el predictor más fuerte de éxito en posiciones de liderazgo no es la experiencia técnica ni la antigüedad. Es lo que llaman learning agility, la capacidad de aprender de experiencias nuevas y aplicar esos aprendizajes en situaciones desconocidas. Seguido de cerca por la autoconciencia: saber qué sabes, qué no sabes, y cómo tu comportamiento impacta a otros.

Marcos probablemente tiene alta learning agility en temas técnicos. Aprende rápido cuando se trata de su disciplina. Pero si su autoconciencia sobre cómo su estilo de comunicación genera fricción es baja (y los datos psicométricos nos lo dirían) entonces su potencial de liderazgo está condicionado a que desarrolle esa competencia primero.

Valentina probablemente tiene alta autoconciencia y buena learning agility interpersonal. Lee bien las situaciones, se adapta, gestiona relaciones. Pero si su confianza técnica es baja (y eso también lo medimos), necesita un plan de desarrollo que le dé la credibilidad técnica que el equipo demanda.

El punto no es elegir entre uno y otro. El punto es que ambos necesitan cosas diferentes para estar en el puesto correcto. Y sin datos, esas cosas no las ves. Solo ves el síntoma: "no trabajan juntos."

El momento humano

Hace unos meses estaba calibrando nuestros propios 9 boxes internos en Fleet. Sí, nosotros también los usamos. Y mi CPO (mi socio que lidera producto) estaba convencido de que una persona de nuestro equipo debía estar en un cuadrante y yo insistía en que debía estar en otro.

"No, esa persona va ahí," me decía.

"Los datos de desempeño dicen esto otro," le respondí.

"Pero yo trabajo con ella todos los días. Yo sé cómo es."

"Sí. Y los datos son estos."

No es que uno tuviera razón y el otro estuviera equivocado. Es que estábamos mirando cosas diferentes. Él miraba el potencial que veía en la interacción diaria, y su intuición no era mala. Yo miraba los resultados medibles y el perfil conductual, y mis datos tampoco estaban mal.

Lo que faltaba era la calibración. El momento donde pones la intuición del líder junto a los datos del instrumento y dices: "Ok, ¿qué nos dice esto cuando lo vemos junto?"

Y eso es exactamente lo que le faltaba a la empresa de nuestro director general anónimo. No le faltaba intuición, sabía que algo no funcionaba entre Marcos y Valentina. No le faltaba conocimiento de su gente, lleva años trabajando con ellos. Le faltaban los datos que le permitieran convertir esa intuición en decisiones específicas y defendibles.

Porque la intuición te dice que algo está mal. Pero solo los datos te dicen exactamente qué, y te sugieren exactamente cómo resolverlo.

Peter Drucker lo escribió hace décadas con esa claridad que solo él tenía: "Las decisiones sobre personas son las más importantes que toma un gerente. Y son las más difíciles de revertir."

Si vas a tomar la decisión más importante y la más difícil de revertir que enfrentas como líder, ¿no preferirías tomarla con datos?

¿Listo para empezar?

FleetHR tiene las herramientas para dejar de adivinar quién va dónde:

Worksheet de Adecuación Puesto-Persona

Cruza el perfil psicométrico real de cada colaborador con el perfil ideal del puesto. No una impresión, un match cuantificado competencia por competencia. Sabes exactamente dónde hay brechas y de qué tamaño son. Para el puesto actual y para posibles movimientos internos. Descarga la plantilla aquí.

Mapeo de Talento con Readiness

Más allá del desempeño actual: identifica quién tiene el potencial conductual para dar el salto al siguiente nivel. Con qué fortalezas cuenta y qué necesita desarrollar antes de hacer el movimiento. Para que no pierdas a tu mejor consultor ganando a tu peor gerente. Descárgalo aquí.

Playbook de Movilidad Interna

Una guía paso a paso para diseñar movimientos internos basados en datos. Incluye cómo comunicar evaluaciones en equipos estables sin generar resistencia, cómo calibrar resultados con el liderazgo, y cómo diseñar planes de desarrollo diferenciados por persona y por rol. Descárgalo aquí.

Porque la pregunta no es si tienes talento. La pregunta es si está donde debe estar.

🧭 ¿Qué sigue?

En 30 días, te compartiré la novena entrega:

"Planes de carrera y sucesión: más allá del organigrama"

Tu líder de operaciones se va. No hay reemplazo listo. Te enseñaré cómo diseñar planes de carrera que desarrollen sucesores antes de que los necesites—no después. Con 9 box, con mapeo de potencial, con datos que te digan quién puede crecer hacia dónde y qué necesita para llegar.

¿Listo para poner a cada persona en el puesto donde puede dar su máximo?

FleetHR convierte intuiciones en datos, y datos en decisiones de talento que funcionan.

Referencias citadas:

  • Peter, Laurence J. (1969). "The Peter Principle: Why Things Always Go Wrong"

  • Benson, A., Li, D. & Shue, K. (2019). "Promotions and the Peter Principle." The Quarterly Journal of Economics, 134(4), 2085-2134

  • Zenger, J. & Folkman, J. (2018). "Why the Most Productive People Don't Always Make the Best Managers." Harvard Business Review

  • Harvard Business Review / Nature Human Behaviour (2025). Neffke, F., Youn, H. & Zhang, L. "Soft Skills Matter Now More Than Ever, According to New Research"

  • Gallup (2024). "State of the Global Workplace Report"

  • Korn Ferry (2024). "How Leadership Potential Assessments Spot Future Leaders"

  • Cornell University ILR School (2021). "Comparing the Performance of Internal and External Hires"

  • McKinsey & Company (2020). "Achieving Hypergrowth: It's All About the People"

  • CIPD (2025). "Succession Planning Factsheet." Chartered Institute of Personnel and Development

  • Drucker, Peter F. (1967). "The Effective Executive"

CRO at Fleet